[TP] SIPONA – PERIODO Y TÁCTICA DE TRABAJADORES AL PODER

 Fuente: Trabajadores al poder

Hablamos de la crisis de legitimidad, que surge tras la crisis asiática y que trae como consecuencia la precarización de las condiciones de vida y los derechos sociales del proletariado y el pueblo, viéndose profundizada por la corrupción y un ineludible ascenso sostenido en la lucha de masas, de carácter principalmente reivindicativo que surgirá como respuesta a la ofensiva inusitada de la Burguesía en todos los planos sobre las condiciones de vida de las clases subalternas.

Nota: Este documento fue preparado entre Septiembre de 2016 y Enero de 2017.

SIPONA – PERIODO Y TÁCTICA DE NUESTRA ORGANIZACIÓN.

 

Compañero/as el siguiente documento forma parte del cuadro general del periodo que vislumbramos como dirección, tomando la síntesis colectiva de nuestra III Conferencia Vladimir Ilich Ulianov e incorporando nuevos elementos de la coyuntura y el desarrollo de la lucha de clases con el objetivo de caracterizar de mejor forma el nuevo ciclo político en curso, con la clara intención de brindarle coherencia y cuerpo a nuestros desafíos políticos definidos colectivamente y que es nuestro deber materializar.

Introducción

La relación social fundamental a nivel mundial, es la relación Capital/Trabajo, que sitúa por primera vez en la historia, de forma hegemónica en el planeta a dos clases sociales irreconciliables: Proletarios y Burgueses. En este contexto el Capitalismo, como sistema dominante a nivel global y como consecuencia inherente de su naturaleza, enfrenta una crisis integral generalizada, que ha forzado a la Burguesía a una evidente y brutal ofensiva contra el Proletariado y los pueblos del mundo y que empuja a profundizar, en un contexto de abierta disputa interburguesa, la articulación internacional de dos grandes agrupaciones de Estados constituidas en sistemas hegemónicos OTAN/EEUU y CHINA/RUSIA que se hayan en enfrentamiento por el dominio imperial del planeta y que luchan infatigablemente por mejorar sus condiciones en el proceso de acumulación y reproducción ampliada del capital.

En este marco, es importante precisar que esta crisis no está determinada, necesariamente, como crisis terminal, ya que forma parte de la naturaleza del Capitalismo incurrir en crisis. En consecuencia, es propia del proceso de profundización del Capitalismo y dependerá de la organización de las fuerzas antagónicas echar abajo el sistema. En este sentido, pese a las inmensas posibilidades históricas que brinda el actual escenario, no existe dentro de esta crisis aún una fuerza social revolucionaria que amenace los intereses de las burguesías o de los grandes poderes hegemónicos, por lo tanto, en términos generales la izquierda revolucionaria, el proletariado y los pueblos del mundo se hayan en un escenario de defensiva estratégica. No se vislumbra; ni la vanguardia proletaria a nivel mundial, ni las organizaciones revolucionarias responsables de encabezar dichos procesos, por tanto la oportunidad de un cambio histórico se da en un escenario de evidente desproporción entre las posibilidades de cambio o transición que brinda el periodo y la ineludible debilidad del proyecto revolucionario a nivel nacional e internacional.

Sin embargo, en coherencia con la profundización del Capitalismo, se expande la barbarie: El fantasma de la guerra y la crisis amenaza los mercados, se descomponen y pierden legitimidad las instituciones y partidos tradicionales. El mito de la democracia burguesa1 muestra sus primeras señales de decadencia constituyendo la base material y subjetiva de la actual situación política de Chile y del resto de los países del mundo que abre procesos de lucha, enfrentamiento de clases y rearticulación de las fuerzas revolucionarias aún dispersas y carentes de proyecto.

Mientras tanto, en Latino América, las viejas piezas del repertorio reformista y pequeñoburgués, que se constituían como supuesta alternativa “al Capitalismo salvaje”, y que colocaron la música en la década de los noventa y de los años dos mil, abriendo la esperanza en amplios sectores del pueblo Latinoamericano y confundiendo a vastos sectores de la izquierda chilena, no gozan hoy de los tiempos de bonanza anteriores. Como cual déjà vu2, son acosados y cercados por el Imperialismo EE.UU., perdiendo toda capacidad de iniciativa por avanzar hacia cambios reales, cuestión que prevee de manera inevitable las notas fúnebres de un proceso consumado a favor del Imperialismo y la burguesía.

En Chile, bajo la consolidación de más de 40 años de contraofensiva y profundización del Capitalismo, como país pionero en el retorno de las ideas y materialización de las propuestas más radicales de la Burguesía a nivel mundial, en un escenario de absoluta hegemonía de las clases dominantes e impuesta por la fuerza, se ven señales de enfermedad. En absoluto vínculo con la crisis internacional3, se ha incubado en el territorio nacional un síntoma indiscutible. Hablamos de la crisis de legitimidad, que surge tras la crisis asiática y que trae como consecuencia la precarización de las condiciones de vida y los derechos sociales del proletariado y el pueblo, viéndose profundizada por la corrupción y un ineludible ascenso sostenido en la lucha de masas, de carácter principalmente reivindicativo que surgirá como respuesta a la ofensiva inusitada de la Burguesía en todos los planos sobre las condiciones de vida de las clases subalternas.

En esta línea creemos que se hace insuficiente caracterizar únicamente el síntoma de la enfermedad, se hace imprescindible desnudar los principales componentes de la crisis con la intención de caracterizar de mejor manera el periodo que enfrentamos, que nos permita precisar las fuerzas que operan y su correlación.

Para comenzar debemos señalar y enfatizar la importancia de no caer en el error de exhibir y mostrar todo desarrollo de la política y la lucha de clases como expresión inmediata y exclusiva de la estructura. Debido a que si bien en nuestro país asistimos a un ineludible desarrollo de las fuerzas productivas expresadas en una evidente maduración de las contradicciones de las relaciones de producción, que responden a cuestiones objetivas y que caracterizan el periodo, también hemos comenzado a constatar una indefectible crítica a la cultura o ideología tradicional dominante que se traduce, entre otros fenómenos, en lo que hemos venido reiterando en varios análisis acerca de la crisis de legitimidad, y además, respecto a un misceláneo de expresiones heterogéneas aún, pero que se ponen en disputa con lo establecido y forman el germen en vías de apariciónde lo nuevo, como por ejemplo han sido las manifestaciones públicas respecto al tedeum de la iglesia católica, la crisis del matrimonio, el rodeo, las nuevas relaciones sexuales y de género, la selección en liceos emblemáticos, la incorporación de las culturas originarias, etc. Germinando en el seno mismo de la vieja sociedad, con esta afirmación queremos señalar que, si bien gran parte de las movilizaciones han tenido una base material, dada por la lucha por la mejora en las condiciones de vida de nuestra clase planteada de forma amplia en análisis anteriores, hay un escenario que no podemos desconocer que no se produce estrictamente por las necesidades inmediatas, sino más bien por una crítica a la cultura tradicional dominante.

En consecuencia, ambos fenómenos: La maduración de las contradicciones de clase y el fenómeno de disputa con la cultura tradicional burguesa, vistos desde el desarrollo de la lucha de clases, siguiendo con lo expuesto por Gramsci, entorno a la caracterización de periodo corresponden a movimientos —relativamente permanentesy no por lo tanto a movimientosde coyunturay que se presentan como ocasionales, inmediatos, casi accidentales en un determinado periodo de la historia de la humanidad. Si bien podríamos caer en la confusión de momento—, de considerar los actuales fenómenos en curso como exclusivamente coyunturales y cuyas contradicciones se hayan solo al interior de la clases dominantes, por lo tanto no tienen demasiada relevancia histórica; debido a que afectan en un inicio a grupos reducidos, no podemos desconocer que lo que actualmente está en curso y que forma parte del eje central de la caracterización del periodo que pretendemos desarrollar; es el comienzo y desarrollo de un movimiento de trascendencia histórica en la lucha de clases, que revela en su seno la maduración de contradicciones incurables, que se expresan en la agudización de la lucha de clases, la crítica a la cultura tradicional dominante, la desafección de las masas de los partidos tradicionales, el agotamiento del pacto de dominación, la aparición de nuevos partidos que luchan por conservar el modelo y un alza sostenida en la lucha de masas cada vez más relevante en número y contenido, cuya manifestación concreta es que “lo viejo no muere y lo nuevo no puede todavía nacer”. Es decir, si bien no asistimos a un periodo político nuevo, nos hayamos claramente en un proceso de transición, en donde un cambio de periodo estará condicionado por el desarrollo y agudización de la lucha de clases, pero también por el surgimiento de la vanguardia revolucionaria que encabece este proceso. Es precisamente en esta contradicción donde se gesta la disputa y el conflicto entre las fuerzas con cuadros de mayor experiencia—, que luchan por conservar su dominación y las fuerzas aún dispersas—, que pretendemos profundizar la crisis.

Afirmamos que este proceso de tránsito a una crítica histórica social de las clases subalternas, la pérdida de hegemonía y la concreción de la sociedad nueva, solo será mediante la fuerza a través de la lucha y bajo la dirección del proletariado y su vanguardia revolucionaria; las que echarán abajo, hasta los mismos cimientos de la vieja sociedad en descomposición. Para aquello deberemos partir por derribar sus pilares principales. En este escenario, el síntoma de esta enfermedad —representado por la actual crisis de legitimidad, es el terreno en donde se articulan, bajo el alero de la clase dominante, las fuerzas políticas que apelarán a restablecer la legitimidad y la defensa de la estructura misma de la sociedad actual, empeñadas en resolver, dentro de los límites de lo establecido, la evidente desafección de las masas hacia los partidos de la burguesía y sus instituciones.

La expresión concreta de esta manifestación, será la aparición de la Nueva Mayoría como conglomerado político que surge bajo el consentimiento de las clases dominantes; un sector importante de la burguesía autóctona y el Imperialismo, bajo la necesidad de llevar a cabo la tarea específica de revertir la crisis y dar respuesta concreta al evidente agotamiento del pacto de dominación, que formó parte del proceso de transición y consolidación del modelo del periodo post dictadura.

El primer impulso de este sector será convocar bajo un programa de reformas a un sector amplio de partidos políticos (PC, IC, RD, MAS, etc), para el impulso de una nueva carta presidencial, cuyos objetivos serán el restablecimiento de la legitimidad, la cooptación y ampliación de su base social, cuestión que se verá truncada al momento de develarse el carácter profundamente regresivo de las reformas contenidas en su programa, y además de la continuidad de las movilizaciones, que ya no serán aisladas y esporádicas, sino que seguirán la tónica del año 2011 de forma sostenida; abriendo fisuras que darán paso a un nuevo escenario en la lucha de clases, que comenzará a poner en cuestión a través de la lucha concreta y cada vez más transversal a los pilares principales del modelo. En primer lugar, a los estudiantes contra el lucro y la educación de mercado, y recientemente en las históricas movilizaciones contra una de las vigas maestras del sistema, es decir la Asociaciones de Fondos de Pensiones (AFPs), que sumarán de forma más activa a una franja relevante de los trabajadores y el pueblo, en un movimiento amplio y aún heterogéneo, pero con un potencial pocas veces antes visto, tanto por la radicalidad de sus consignas como por la masividad de sus convocatorias. Además, como señalábamos más arriba, se abrirán cada vez más polémicas ideológicas, religiosas, políticas y jurídicas contra el poder.

Estos hechos no se gestan de forma aislada, sino que en un momento complejo para la economía internacional; cuya manifestación en Chile será: el estancamiento de la economía nacional, disminución de la inversión extranjera, aumento del desempleo4, crecimiento de la deuda pública, caída de los precios de las materias primas, además de una evidente consunción del gobierno de la Nueva Mayoría tras los escándalos de corrupción, cohecho, colusión y disputa al interior del bloque en el poder, decretará a más de un año del fin del gobierno de Bachelet su acta de defunción, e instaurará una profunda incertidumbre en las clases dominantes respecto a quien representará sus intereses en el próximo Gobierno.

Las clases dominantes

La profundización de la crisis de legitimidad durante el Gobierno de Bachelet, ha trastocado el clima de estabilidad y normalidad que complacía a la burguesía, impactando en la hegemonía absoluta con que gozaban las clases dominantes. Afectando el consenso o pacto de dominación alcanzado por la burguesía en la “vuelta a la democracia”. Gramsci caracteriza este pacto de dominación como partido orgánico de la burguesía, que se haya compuesto por una elite, cuya función es dirigir desde el punto de vista de la cultura y la ideología a un amplio grupo de movimientos de partidos afines y alineados con el modelo, que en contextos de crisis entra en cuestionamiento y claro tensionamiento. Lo que nos traslada a revisar algunos aspectos de la estructura de los partidos políticos en periodos de crisis. En donde “en ciertos momentos de su vida histórica, los grupos sociales se separan de sus partidos tradicionales. Esto significa que los partidos tradicionales, con la forma de organización que presentan, con los determinados hombres que lo constituyen, representan y dirigen, ya no son reconocidos como expresión de su clase o de una fracción de esta. En cada país el proceso es diferente, aunque el contenido sea el mismo y el contenido es la crisis de hegemonía de la clase dominante que ocurre principalmente por el fracaso en alguna empresa política para la cual demandó o impuso por la fuerza el consenso de las grandes masas”. ¡Que cercana a nuestra realidad es dicha caracterización!, en donde los partidos políticos facciones del partido orgánico de la burguesía, se hayan cuestionados por las masas, en tensión constante respecto a la forma de dar salida a la crisis, que ha originado tendencias y el surgimiento de nuevos partidos (RD, Amplitud, Evopolis, PRO, etc.). Aquellos, fusionados en nuevos conglomerados, no son más que manifestación tácita del proceso de descomposición interna de la “sociedad democrática”, que buscará llegar a una nueva alineación definitiva que luche por la conservación del modelo y del sistema. Finalmente, tenemos las expresiones de desapego y el izamiento de banderas propias de los dueños de las empresas y de los medios de producción del país, como una nueva señal o síntoma de la profundización de la crisis que los ha motivado a expresarse políticamente por sí mismos, aprovechando sus históricas instituciones y organizaciones gremiales (CPC, SOFOFA, Cámara de la construcción, etc.). Pero también a través del pódium individual para quitarle el respaldo político al gobierno, convocar a la unidad nacional y llamar al restablecimiento del orden y gobernabilidad, tal como quedó demostrado en una reciente entrevista a Luksic5.

Este cuestionamiento alcanza gran parte de las instituciones del bloque en el poder, sobre todo aquellas al interior del Estado, principal instrumento de dominación de clase. También involucra al parlamento, al gobierno y a los partidos políticos de la Burguesía involucrados transversalmente en casos de corrupción con insignes empresarios de la burguesía autóctona (Penta, Soquimich, Caval, etc.); cuestión que se ha replicado en una evidente descomposición de las propias instituciones del aparato burocrático, como el SENAME, SII, SERVEL, SERNAPESCA, etc.

Debemos prestar especial atención al elemento político militar en periodos de crisis orgánica, que no está ligado exclusivamente a las Fuerzas Armadas. Dado al avance y aprendizaje histórico de las clases dominantes, hoy podemos ver como síntesis la constitución del Estado Contrainsurgente, es decir, un determinado sector político puede tener perfectamente un carácter militar sin la necesidad de participación activa de las FF.AA. Como podemos ver en el desarrollo e instalación de una policía militarizada en el sur de Chile y preparada para enfrentar cualquier estallido social. Es más, forma parte precisamente de la táctica del Estado Contrainsurgente, en determinados contextos, no hacer salir al ejército de la constitucionalidad o de la legalidad vigente, manteniéndolo en un supuesto terreno de neutralidad, cuando precisamente su rol de defensa irrestricta de la constitución es manifestación palpable de la defensa legal del Estado con todas sus instituciones conexas como última trinchera de amparo. Bajo estas premisas podemos observar en concreto que las Fuerzas Armadas también involucradas en ilícitos y hechos de corrupción—, han continuado su política de legitimación como institución, impulsando diversas campañas como “Septiembre amigo”, que contó con operativos diversos en los ámbitos de salud, cultura y veterinaria; que se llevaron a cabo en 16 localidades del país en zonas extremas y vulnerables, donde destaca Neltume, Sector Norte de Santiago (Hospital San José) y Alto Hospicio en la línea del fortalecimiento de las fronteras internas. Por otro lado, en términos internacionales la actividad del ejército no ha cesado. Destaca el nombramiento recibido por el comando Sur de EE.UU. como corresponsable de la organización y mando de la componente de fuerzas terrestres combinadas de esta instrucción y la participación del ejército en el proceso de desmovilización de la guerrilla en Colombia6. Por otro lado, y en estricta relación con un nuevo aniversario de las FF.AA., se ha abierto el debate respecto al reciente cuestionamiento que ha sufrido la ley reservada del Cobre, tras los críticos momentos de endeudamiento que vive Codelco. En este sentido el Comandante en Jefe del Ejército de Chile, General Humberto Oviedo ha tomado la palabra. Primero desligándose de cualquier acto de deliberación de la institución, siguiendo la línea constitucionalista y en segundo lugar advirtiendo que el debate sobre la ley reservada del cobre, desde una mirada estrictamente militar, no puede estar sujeto a la contingencia, considerando incorrecto vulnerar las capacidades militares que Chile les ha dado y sosteniendo que nos han entregado “100 años de paz”, y que es prácticamente imposible sostener los ciclos de sistemas de armas mediante un presupuesto anual, dejando manifestada de facto su postura ante cualquier modificación de la mencionada ley7.

Sin embargo, al igual que en otras instituciones del Estado hemos constatado dichos tensionamientos y prevemos que en el marco de profundización de la crisis se sigan manifestando, como por ejemplo en el caso de los altos mandos de Carabineros. Tenemos demostraciones concretas de deliberación8, en los hechos ocurridos en Valparaíso durante la marcha del 21 de Mayo, donde asumen una táctica de inhibición en el procedimiento represivo y posteriormente en las declaraciones del General de Carabineros, señalando que será el primero en ponerse al frente de la defensa los intereses de sus tropas, ante el anuncio del Gobierno de revisar los diferentes tipos de pensiones9.

Las cúpulas de la Iglesia Católica y Evangélica coinciden en la lectura entorno a la crisis de confianza que vive el país, y se levantan, luego de años de escasa incidencia política desde distintas instancias o convocatorias, para entrar al debate en torno a la situación política actual. Los Católicos, tras una amplia convocatoria en la marcha por la vida, hacen un evidente ejercicio de demostración de fuerza de su respectiva base social. La convocatoria se centra principalmente contra la ley de aborto impulsada por el Gobierno, pero además señalan a través de su máxima autoridad su postura contraria al sistema de pensiones. En el mismo sentido se expresará el máximo representante de la Iglesia evangélica, el Obispo Emiliano Soto en el Tedeum de Fiestas Patrias, criticando duramente la desigualdad y las pésimas pensiones que reciben los trabajadores Chilenos.

No obstante, los actuales líderes, principalmente de la Iglesia Católica, también se encuentran inmersos en el complejo escenario de ilegitimidad que viven las instituciones del bloque en el poder. En referencia a esto, la Cadem preguntó los niveles de confianza que la población tiene en la Iglesia Católica. En ese sentido, un 80% del total de los encuestados aseguró que tiene poca o nada de confianza en la institución religiosa, mientras que el 18% tiene mucha o bastante. Ante la misma consulta, los encuestados que eran católicos contestaron en un 70% que no confiaban en la Iglesia, y un 28% que sí. Agudiza aún más este escenario el reciente descubrimiento de acciones de la iglesia en empresas ligadas a los casos de corrupción (SQM, CMPC, etc.)10

El reformismo:

Desde el reformismo añoran retornar al Estado de Bienestar y el ideal desarrollista. Otros trabajan en repetir rigurosamente los modelos exportados del Socialismo del siglo XXI, mientras que los académicos de izquierda se regocijan en la invención de alambicados sofismas, que como señalaba Mariátegui respecto a su época, desean resucitar mitos pretéritos cuyos intentos culminan siempre en fracasos, ya que cada cambio de época quiere y requiere tener una intuición propia y nueva del mundo. Nada más estéril que pretender reanimar un mito extinto. De esta forma la izquierda, que de manera voluntaria en este periodo se somete al orden Burgués, renuncia como consecuencia a la posibilidad concreta de avanzar en una verdadera estrategia de poder. Llevando a las masas al pantano de la institucionalidad Burguesa y a la fantasía del poder de la lucha electoral.

En otra línea presenciamos el desarrollo de las propuestas autonomistas, tendencias libertarias que no apelan a resolver las necesidades materiales con lucha política o reivindicativa sino mediante un tránsito pacífico de autogestión de las necesidades, sin el interés de enfrentarse al Estado y sus instituciones.

Más concretamente, hemos observado un intento desesperado de relegitimación del reformismo, tanto del viejo como del nuevo. En primer término, el viejo y el nuevo reformismo aliaron fuerzas para lograr vender el humo del retorno de las masas a la institucionalidad municipal a partir del espurio triunfo de Sharp en Valparaíso. Esta venta de pomada, se fraguó entre los sectores “allendistas” de la Nueva Mayoría, en conjunto con el neoreformismo conciliador, en donde sufrieron la misma y brutal abstención que en el resto del país. Los medios dominantes, vendieron el humo del triunfo ciudadano, de la nueva izquierda alzándose con el poder municipal, cuando lo que sucedió en realidad fue la omisión nuevo mayoritaria, que descontenta con el candidato payaso DJ Méndez prefirió votar por el tibio “autonomismo” como alternativa a la farándula y a la derecha. El punto es que Sharp salió elegido con los mismos votos de la Nueva Mayoría militante y con peguita que fueron oxigenados con la “legitimidad” espuria que pueda haberles aportado el autonomismo y su cara “alternativa”. Como siempre, le esperará a esta conducción “alternativa” el mismo futuro que a todos quienes han tratado realizar cambios en el engrillado marco institucional municipal, por supuesto fracasando rápidamente y sometiéndose a los dictámenes centrales, forzados por su deber para con la institucionalidad burguesa.

El segundo fenómeno e intento de relegitimación ante las masas, fue el show que se pegó Bárbara Figueroa en el congreso, ante la discusión del reajuste del sector público en el congreso, que tuvo como antecedente el anuente y prosternado gesto de bajar la reivindicación del 7% al 4%, sin haber mediado ninguna señal de negociación de parte del Gobierno. Así las cosas, Bárbara realizó su acto, rasgando vestiduras ante el mísero reajuste del 3% que ofreció invariablemente y en todas las instancias el ministerio de haciendas de su propio Gobierno. Esto demuestra, una vez más, que las negociaciones de las reivindicaciones de ningún sector de trabajadores pueden estar dirigidas por personas que, en primer lugar, pertenecen a la coalición de Gobierno, que, en segundo lugar, prometieron explícitamente, para formar parte de la Nueva Mayoría, dotar a esta de gobernabilidad, controlando al movimiento popular bajo su conducción. Y, por último, es imposible confiar en dirigentes que solo han utilizado la fuerza y capacidad de organización y lucha del sector público para lograr espurios acuerdos políticos entre el PC y la NM. El único camino de los trabajadores y de los dirigentes que los representan es cumplir a rajatabla el mandato de lucha que las grandes mayorías les entregan y jamás negociar a espaldas de lo que las masas organizadas demanden.

También es digno de mencionar, la arremetida comunicacional de Humberto Maturana, dirigente de la Confusam, quien asumió el vacío dejado por Luis Mesina luego del gran paro nacional productivo, público y territorial del 4 de Noviembre. Este dirigente Nuevo Mayoritario, colega de Figueroa y Gajardo en la conducción de la CUT durante prácticamente todo el periodo de la post-dictadura, se “radicalizó” utilizando la misma performance que los anteriores, también de cara a las elecciones que vendrían a continuación. Esta maniobra de estos dirigentes Nuevo Mayoritarios, únicamente busca perpetuar su posición al frente de sus respectivas organizaciones, para a su vez perpetuar la conducción del partido del orden, de la Nueva Mayoría en las organizaciones de trabajadores públicos.

Sin embargo, la crisis orgánica del sistema, la crisis de legitimidad de los partidos burgueses, incluido el PC, también afecta a sus dirigentes. No porque la crisis sea un producto nefasto abstracto, sino porque esta es una manifestación concreta derivada y consecuencia de hechos concretos, de una política antipopular, burguesa, pro empresarial y pro imperialista que los sectores Nuevo Mayoritarios han sostenido durante este gobierno y la misma política que aplicó la Concertación durante la primera parte de la postdictadura. De esta forma, aquellos dirigentes que utilizaron el movimiento de trabajadores públicos como plataforma de lucha política, luchando por su conducción por motivos y métodos exclusivamente burocráticos, es decir, únicamente para atrincherarse en determinados espacios y desde ahí presionar con el respaldo de sectores de masas, para negociar cuotas de poder (peguitas, platas y poder de decisión), en el concierto de los gobiernos de la Concertación y de la Nueva Mayoría, pero jamás para la lucha por los intereses reales de los empleados públicos en tanto clase trabajadora.

Pero tras 20 años de disputa burocrática, de desprecio de las necesidades e intereses relevantes para la clase trabajadora, estos dirigentes, marionetas de los partidos burgueses, comienzan a ser desplazados por facciones más radicales que aquellas, no necesariamente revolucionarias. A finales de noviembre de 2016, se realizó la votación del colegio de profesores, donde Gajardo fue vencido por una diferencia sustancial en las votaciones, y ha sido reemplazado por Mario Aguilar, dirigente que fungía como vicepresidente en la dirigencia anterior, y que se sitúa en la disidencia de la conducción actual, hasta ahora, un poco más a la izquierda que Gajardo y declarando en su propuesta de programa la independencia de los partidos políticos de la Nueva Mayoría y del Gobierno, así sea. Por supuesto que Aguilar no es revolucionario, pero su triunfo demuestra la evidente y progresiva descomposición en que se halla sumida el reformismo histórico (PC), hoy sumado derechamente al conjunto de partidos burgueses. Todo este bloque de partidos burgueses, desde la derecha neoliberal fascista, la socialdemocracia neoliberal y el viejo y agotado reformismo se encuentran en un franco proceso de descomposición y crisis orgánica.

El deber de los revolucionarios es quebrarle la espalda al viejo y al nuevo reformismo. El nuevo reformismo, conciliador y chato como el viejo, no tardará en sumarse a la descomposición, en la medida que las masas aumenten sus grados de organización y niveles de lucha, no habrá espacio para quienes quieran salvar la podrida institucionalidad burguesa.

Sin embargo, los revolucionarios deben cuidarse de los métodos burgueses, de los mismos métodos de Gajardo, Figueroa, Maturana y compañía. Los métodos de la lucha por la dirección del movimiento de masas y de las organizaciones de trabajadores tanto por métodos como por motivaciones burocráticas, vale decir, para conquistar posiciones de fuerza para negociar en las grandes ligas o bien para sustentar candidaturas, y no para representar en lucha abierta y radical los intereses más sentidos de los trabajadores. Cualquier conducción de carácter burocrática, que no represente los intereses genuinos de la clase trabajadora, debe ser echada a patadas de la conducción del movimiento de masas y de las organizaciones de trabajadores.

El movimiento de masas.

No podríamos entender el periodo, sin una caracterización del movimiento de masas y un análisis de su reanimación e incidencia en la lucha de clases, dado que presenciamos el establecimiento de un ascenso sostenido en la lucha de masas a nivel nacional, si bien objetivamente empujado por la crisis integral del Capitalismo, manifestada en la precarización de las condiciones de vida del proletariado, sus consecuencias materiales se hayan estrechamente combinadas por los elementos subjetivos aquilatados por la lucha; que recrudecen la pérdida de legitimidad de los poderosos y sus promesas incumplidas. Por lo tanto, debemos señalar que el actual periodo ha transitado del habitual escenario de brote esporádico de la lucha de masas, a un ascenso cada vez más sostenido y general de lucha. Sumado a lo anterior, el actual periodo ha transitado desde tener a la cabeza al movimiento estudiantil como principal fuerza dinamizadora, a la incorporación cada vez más importante de un sector amplio y heterogéneo de los trabajadores hombres y mujeres, y el pueblo, fuerza principal y motriz de la revolución.

En este marco, se abre la posibilidad concreta de pasar de una hegemonía Burguesa prácticamente total en la conciencia del proletariado, a la disputa concreta y material de la hegemonía a través de la lucha contra los pilares del modelo, el desarrollo de la independencia de clase y la instalación de los métodos históricos de combate del proletariado, que paulatinamente transitan de la lucha parcial por aumento de sus salarios y mejoras en las condiciones concretas de trabajo o lucha económica, a un desarrollo inaugural de huelgas defensivas, ilegales y de solidaridad o lucha política11.

En la franja más dinámica de las masas, en cuya composición se encuentran las fuerzas políticas revolucionarias, clasistas y reformistas, se empieza a incubar con mayor intensidad el proceso de disputa de la conducción del movimiento de masas. Esta última, está combinada por elementos más dinámicos y por la desafección producida por la crisis de legitimidad. El movimiento de estas, no está, como ha querido caracterizar el viejo y nuevo reformismo, en la lucha por las tareas democráticas del periodo; vale decir, en su seno, no se encuentra como contradicción principal la lucha por la democratización versus el neoliberalismo desarrollado, sino, que el agobio de las masas, está precisamente en sus condiciones materiales de vida, alojadas principalmente en la contradicción Capital/Trabajo, Burguesía/Proletariado.

Esta situación es la que explica, por un lado, el desarrollo creciente de la lucha reivindicativa de las masas, por más que busquen fuerzas políticas idealistas, poner el acento en la ampliación democrática y la participación de las masas, encontrándose siempre con la perplejidad de no recibir la respuesta esperada, explorando cada vez con mayor imaginación, en nuevos métodos para la participación. Por el otro lado, la crisis de legitimidad del régimen político, es pues, también crisis de representación y crisis de participación, como síntomas de la crisis principal.

Un factor importante en este marco, son los órganos naturales de las masas, los cuales están muy incipientemente en proceso de desarrollo. El sindicalismo en Chile, por ejemplo, sigue teniendo los resultados de fragmentación y atomización que veíamos durante toda la transición, a pesar del desarrollo de huelgas y procesos de lucha de este, en el último tiempo: “A la fecha, existen más de 11.400 organizaciones sindicales activas y la mitad de ellas tiene 40 o menos socios/as”.12 El desarrollo de la huelga ilegal por sobre la legal, muestra como el escenario productivo, represivo y jurídico, produce condiciones de necesidad de salidas de lucha por el costado de los medios regulares. Este desarrollo, ha implicado, además, la organizaciones de órganos de hecho importantes, como son la Unión Portuaria, los movimientos y coordinadoras docentes, las multigremiales y coordinadoras de gremios del sector público y recientemente la Coordinadora Nacional de Trabajadores/as NO+AFP, que agrupa a su haber un número significativo de sindicatos, gremios nacionales y territoriales.

La clase obrera también se está organizando en sus territorios. El desarrollo de los comités y movimientos de vivienda y las organizaciones territoriales, han permanecido a pesar de su transformación constante en los últimos años, manteniendo espacios de lucha significativos. Desde las movilizaciones de la clase trabajadora en defensa de sus demandas locales en Freirina, Aysén, Chiloé, entre otras, muestran que órganos de masas de hecho son medios de lucha que están tomando camino creciente en los últimos 10 años.

Pero no sólo en la franja más dinámica de las masas se están desarrollando estos instrumentos de organización, que aparecen y de desechan según la necesidad de la lucha, sino que también están apareciendo en diferentes frentes, corrientes y tendencias rupturistas al interior de gremios y organizaciones sindicales; claras son las organizaciones alternativas a la CUT, al Colegio de Profesores (diversos movimiento críticos, SUTE, etc), a la ANEF (cabreados), a la Confusam (cotrasam), los indignados y un importante número de espacios que aparecen como disidencias a los órganos clásicos de organización y de la burocracia anquilosada.

Por lo tanto, la profunda crisis de legitimidad acompañada de la crisis del capital, está generando las condiciones para el impulso de órganos con independencia de clase, para crear espacios con autonomía del régimen, y con legitimidad propia dotada del movimiento de masas.

Las luchas de las masas están en el marco de derribar los pilares del modelo, no siempre con plena conciencia de dicho proceso. Es decir, no solo son procesos de lucha que están en el marco de la disputa de las migajas de la plusvalía, reajustes y condiciones laborales, sino que el propio desarrollo del capital y su ofensiva sobre la clase obrera, sobre la tierra y más porciones del planeta para explotar, está generando también disputas del proletariado contra representantes del capital, por la defensa de sus espacios de vida. Claro son las defensas territoriales medioambientales que aparecen en esta línea.

Otro aspecto fundamental, que aparece preferentemente como síntesis de un proceso de incubación del movimiento de masas, es la incorporación masiva y mayor legitimidad de los métodos de acción directa, la violencia de masas y la protesta como formas de lucha que van tomando fuerza poco a poco en el seno de las luchas del pueblo. Estos elementos tácticos de la confrontación de las masas contra los poderosos, han ido teniendo procesos significativos de referenciación, tanto en la lucha mapuche, en los trabajadores/as subcontratistas de los sectores primario/exportador (mineros, forestales, portuarios, etc), en el movimiento estudiantil (secundario y universitario), en las luchas de las clase trabajadora en sus localidades/territorios (Aysén, Freirina, Chiloé, etc) y hoy nuevamente por medio de la CNT No+AFP. Estos métodos, profundamente criminalizados en la lucha del pueblo mapuche y en el movimiento estudiantil, no obstante, vuelven a aparecer en las luchas nombradas, con menos fetichizaciones, y principalmente como métodos con accionar de masas dotándolas de legitimidad. Desde el punto de vista histórico, esta incorporación hoy con un factor cualitativo de carácter nacional, por lo menos en la franja más combativa y descontenta, es una importante experiencia de las nuevas generaciones para ir extendiendo estos métodos al conjunto del pueblo, dotar poco a poco de mayor combatividad y aprendizajes a sus sectores más resueltos, pero sobre todo de experiencia al pueblo que lucha como integralidad; este camino regio de luchas que combinan estos aspectos de la violencia, operativa, de masas, y masiva y a oleadas, permitirá en el tránsito histórico ir quemando su uso hacia métodos superiores.

Finalmente, desde el punto de vista de la disputa de la conciencia de las masas, la tarea fundamental es avanzar de los aspectos reivindicativos, importantes en todo proceso de lucha de las masas, a la lucha política. La batalla ideológica contra el reformismo y la burguesía, y por cierto, al interior de la izquierda revolucionaria, combatiendo sectarismos y entreguismos que vacilan en el desarrollo de la profundización de la lucha, es por cierto, un aspecto relevante hoy en el movimiento de masas en alza. Esta conciencia se desarrolla precisamente en los procesos de enfrentamiento, acompañada de los elementos propios de organización y disputa ideológica desde los sectores más de avanzada del pueblo, como son los elementos de la agitación, la denuncia política, la formación y el enfrentamiento concreto. Ir desarrollando la conciencia es un proceso histórico, ni lineal ni monolítico, pues, la conciencia es precisamente un elemento en movimiento que puede avanzar como retroceder, superarse o estancarse, confundirse como convencerse, y es aquí tarea fundamental de las organizaciones revolucionarias mostrar camino.

La táctica de ir avanzando, profundizando la crisis de legitimidad, con aproximaciones sucesivas de ensayos y climas de ingobernabilidad, mediante la orientación política de enfrentar, denunciar y combatir los pilares del modelo, son elementos cruciales para el desarrollo de la conciencia política de las masas, escenario que nos permitirá en el mismo proceso dinámico, posicionar y circular en las masas la lucha por el poder. Este elemento, sin una práctica moral de la izquierda revolucionaria, que gane por su abnegación y determinación, rigurosidad y profesionalismo, el corazón de las masas, no sólo es un flaco favor al proceso, sino que, además, es uno de los aspectos fundamentales del actual periodo de lucha de clases.

La perspectiva de nuestra Táctica:

La descripción del proceso de crisis integral del Capitalismo y de movimientos orgánicos en la lucha de clases incorporado en nuestro análisis, sumado a los elementos expuestos de la actual situación política nacional que caracterizan el periodo, constituyen la base material de la crisis de legitimidad en curso, impulsado además por la lucha por reivindicaciones concretas de las masas y la lucha del Pueblo Mapuche. Precisamente en este escenario se configura la disputa entre las fuerzas dominantes (con mayor experiencia y preparación de sus cuadros históricos), que se esfuerzan en la conservación del modelo y las fuerzas antagónicas que se organizan en múltiples manifestaciones de denuncia de carácter reivindicativo, religioso, político, jurídico, etc. Pero que sin embargo no lograrán cuajar como fuerza social revolucionaria capaz de comprender que ya existen las condiciones necesarias y capaces de resolver históricamente como clase social determinados problemas, que aquejan sus condiciones de vida, mientras esté ausente la dirección revolucionaria en el proceso. En este sentido afirmamos con fuerza que la tarea de los revolucionarios no es tan solo predecir y caracterizar el periodo mediante el análisis concreto y certero de las fuerzas en disputa, sino también tomar estos elementos para justificar con fuerza y fe su actividad práctica y voluntad de lucha por la revolución, es decir los análisis nos muestran las situaciones de debilidad del enemigo, para tomar la iniciativa y aplicar la voluntad en los momentos oportunos y favorables, como decía Miguel, son un acto de preparación para los próximos combates, un llamado a la clase obrera y el pueblo en donde definiremos nuestra política y táctica que vaya materializando en cada nuevo impulso de nuestra táctica nuestra Estrategia, en este sentido constatamos que el paso táctico de profundización de la crisis en sus principales elementos basada en la lucha contra los pilares del modelo constituyen la base para el desarrollo y profundización de la crisis de gobernabilidad en el actual Periodo.

Entendemos la ingobernabilidad como un proceso de diferentes estadios o momentos de desarrollo, en ocasiones parciales y otras de carácter más general que van siendo empujados por la actual coyuntura, pero que se hayan estrechamente ligados al rol que puedan cumplir las organizaciones del pueblo para su continuidad y profundización, en este marco para nosotros como organización el desarrollo de la ingobernabilidad constituye la táctica para el periodo, por tanto es una decisión política desarrollarla; planteándonos en términos generales ganar a cada vez más amplios sectores de la clase trabajadora y el pueblo para la profundización de la crisis orgánica del capital, disputando política e ideológicamente la conciencia de las masas a través de la lucha y la agitación política, que rompa con la hegemonía de los poderosos, para dicha tarea se hace imprescindible construir y acerar la organización y sus cuadros político militares desarrollando conjuntamente una política PM integral, que de referencialidad al proyecto.

Fortalecer y acerar al Partido Revolucionario.

En este sentido hoy enfrentamos nuevos desafíos por superar, ya que presenciamos un proceso recurrente en nuestras filas de traspaso de las prácticas del frente intermedio a la orgánica política (laxitud, cortoplacismo, espontaneismo) y a su vez los propios frentes intermedios han superado de forma relevante —en determinadas coyunturas— la propia iniciativa política y organizativa de la organización, esto evidencia una serie de otros problemas e insuficiencias en la construcción orgánica/partidaria, la formación de cuadros, déficit de desarrollo en áreas de agitación y propaganda, política militar de masas y tareas técnicas, todas labores de tremenda relevancia para al actual periodo.

En este sentido consideramos como una tarea central para la concreción de cualquier proceso revolucionario, la constitución de la vanguardia de las fuerzas revolucionarias, desde nuestra concepción la imperante necesidad de construir el Partido, sabemos que para parir esta tarea titánica necesariamente debemos avanzar en la unidad con otras organizaciones y en la constitución de nuestra columna vertebral de cuadros, no obstante debemos trabajar desde ya en la concreción de aquella voluntad colectiva que se reafirma en la acción y que además se transforma a través de la lucha política e ideológica, en referencia intelectual y moral de las organizaciones del proletariado y el pueblo, dicha voluntad colectiva necesariamente deberá empujar a romper con la unidad de la ideología tradicional dominante, sin cuya ruptura, la fuerza espontánea y nueva que se levanta en este periodo no podrá adquirir conciencia de sí misma y de su rol en el parto de la sociedad nueva. En este sentido las organizaciones revolucionarias enfrentamos una contradicción decisiva, entre quedarnos en la artesanía de nuestros métodos o pasar a la profesionalización de nuestra labor revolucionaria, que nos permita mostrar nuestra propuesta y ganarnos la confianza del pueblo y sus organizaciones.

Por lo tanto nuestra tarea central es construir una organización capaz de dar fuerza, conducción y claridad política en la acción al movimiento de masas, que se yergue espontáneamente, sin esta organización la lucha espontánea del proletariado y el pueblo no serán capaces de transformarse en lucha de clases consciente. Para aquello debemos ser capaces de combatir y superar de manera intransigente nuestras debilidades y desviaciones, construir una organización homogénea y centralizada capaz de conducir coherentemente la Táctica en relación a la Estrategia.

Disputa de la conciencia, combate frontal al espontaneismo y el burocratismo en el movimiento de masas.

Es fundamental asumir en el actual periodo de ascenso en la lucha de masas y tránsito desde una crisis de legitimidad a un estadio de ingobernabilidad parcial o generalizada mayores tareas como revolucionarios; es decir, desarrollar la capacidad de constituirnos como una organización política de revolucionarios capaces de dar a la lucha política; energía, firmeza, y continuidad. Para lo cual debemos considerar como imperativo, a medida que se acrecienta la lucha masas, la tarea de ir cualificando con premura nuestra conciencia en la labor teórica, política/militar y orgánica. Que nos facilite aportar a la actual coyuntura, abriéndonos la posibilidad histórica y real de instalar los métodos y la conciencia socialista (solo posibles de instalar desde fuera), a través de la lucha que nos permita disputar la hegemonía de la burguesía sobre la conciencia de las masas. Para aquello se vuelve una tarea central seguir fortaleciendo nuestra presencia en el movimiento de masas en conjunto con nuestras vocerías, además de acompañar dicho proceso mediante un necesaria enraizamiento en los sectores más dinámicos del movimiento de masas, para aquello debemos preparar nuestros propios dirigentes de masas y combatir frontalmente al espontaneismo y al burocratismo inserto desde el reformismo y la socialdemocracia. Si omitimos nuestra participación directa y activa, y no somos capaces de apartar al movimiento de este lodazal, este transitará inevitablemente a la subordinación a la ideología burguesa, para aquello debemos separar al movimiento de masas de la agitación única y puramente económica logrando instalar denuncias políticas mediante la agitación en base a hechos y acontecimientos políticos concretos y, además, de actualidad, a observar a cada una de las otras clases sociales, en todas las manifestaciones de la vida intelectual, moral y política de esas clases13. Solo de esta forma podremos conducir y darle continuidad al inimaginable potencial de la clase obrera y el pueblo.

En este sentido se vuelve imprescindible, debido a nuestra escasa incidencia y capacidad de articular al movimiento de masas, desarrollar mediante las alianzas políticas y sociales una enérgica agitación política de denuncias que permita convocar a sectores más amplios a la lucha política, en este sentido, nuestros esfuerzos deben estar centrados en darle a esta crisis de gobernabilidad ciertos elementos; las ofensivas constantes, el desarrollo de los métodos revolucionarios de lucha, el control territorial parcial y la generación de momentos de ingobernabilidad, mediante la superioridad relativa principalmente donde tenemos presencia e injerencia real, además del impulso de acciones de agitación y propaganda y PM, ligadas directa y estrechamente a las coyunturas de la lucha de masas, principalmente aquellas de carácter nacional que forman actualmente parte de los pilares del modelo, en consecuencia forman parte de las demandas inabsorbibles por el Estado que deben formar parte de las bases constitutivas de las plataformas de lucha que nos permitan incorporar a cada vez sectores a la lucha política. Es decir, los enfrentamientos contra los pilares del modelo formarán en este periodo la base material y subjetiva para la articulación de diversos sectores sociales que, a través de la lucha concreta, la denuncia política y en consecuencia las inserción de la conciencia Socialista en el movimiento de masas se conviertan en fuerza social revolucionaria para desatar la crisis prerevolucionaria que aspiramos alcanzar para la toma del poder.

Dirección Nacional, Trabajadores al Poder

Notas:

1 El hombre y el mito, Mariátegui.

3 Es decir, que no se genera de forma aislada, sino que en estrecho vínculo con la crisis integral del Capitalismo.

8 Respecto del “dejar hacer”, además hay otra lectura que es interesante para el análisis de la fluida situación política a que asistimos por estos días. El 23 de Mayo, Bachelet señaló a radio Duna refiriéndose al rol los ausentes, “Yo creo que… la experiencia del año anterior, en que… [quedaron] …complicados con lo que pasó con Rodrigo Avilés, adicionalmente agregó “A lo mejor eso inhibió a algunas personas…14. Y con “algunas personas”, se refería nada más que a Carabineros de Chile. A continuación, el General Bruno Villalobos, jefe de Cobardineros de Chile, sorprendentemente ratificó las palabras de Bachelet, indicando lo siguiente “La Presidenta tiene toda la razón y no solo en este caso, las organizaciones con denuncias infundadas… limita el accionar de Carabineros, coartan su accionar…15. Tres días más tarde, a través de radio Cooperativa “El ex subsecretario del Interior Jorge Correa Sutil (DC) acusó al general director de Carabineros, Bruno Villalobos, de estar cometiendo “un ilícito” al “sembrar la tibieza en sus tropas” y justificarla mediante una “deliberación” crítica a las autoridades civiles que, legalmente, no le está permitida.

11 Las formas de lucha del movimiento obrero, sobre todo en el sector privado, donde las huelgas ilegales movilizan cuatro veces más trabajadores (100.917), contra (25368) consisten en cortes de ruta, el piquete de huelga, y otras manifestaciones como funas, tomas y marchas. En el sector público, las huelgas han aumentado sostenidamente desde el año 2011, y representaron en 2015 el 88,2% del total de trabajadores movilizados. El 37,7% de estas acciones tuvieron un carácter multi-regional y nacional, contando con mayor extensión territorial aunque con menor radicalidad en los métodos de lucha. Fuerza Proletaria

12 Fundación Sol (2016) Sindicatos Pulverizados, Panorama Actual en Chile y Reflexiones para la Transformación. P. 3.

13 Que Hacer, Lenin, pag. 169.