Consejo Nacional de Comités Comunistas de Chile

 

Este año se cumplirán 100 años desde que la gesta heroica del pueblo ruso se alzó ante la mirada atónita de la burguesía mundial, dando muestras evidentes que cuando un pueblo es capaz de adquirir la convicción que puede dirigir su propio destino, no hay fuerza política ni militar que logre detenerlo.

La revolución bolchevique de 1917 se caracteriza por haber sido un hecho de alcance universal, en tanto se constituyó un nuevo protagonista de la historia: la clase obrera, como único sujeto de cambio y de transformación de la sociedad; derribó el mito sobre la incapacidad de los pueblos para ejercer el poder y administrarlo hacia una sociedad justa y solidaria. Pero también nos mostró que la dominación burguesa, como expresión de la lucha de clases, impone trabas y escamotea las posibilidades del éxito final de la clase obrera, mediante la propagación de la idea que la democracia liberal y representativa -aquella que se logra mediante procesos electorales, publicitados y financiados por los mismos que por siglos se han sostenido en el poder- es el mecanismo que hará que los pueblos sean libres.

Nada más falso que aquello, y hoy los pueblos del ex bloque soviético lo están entendiendo. Ni democracias liberales ni los reformismos burocráticos producirán cambios en el orden social, ni superarán la desigualdad, ni la pobreza, ni la explotación.

Somos testigos de la lucha a muerte que desarrollan las potencias y las burguesías del mundo, de tal manera que en nada les importa los costos en vidas humanas, ni la miseria, ni la destrucción del medio ambiente. Los actos de piratería, pillaje, bandolerismo, traducidos en colusiones –que no son otra cosa que los mismos históricos cartels monopólicos- entre empresas y familias poderosas, evasión tributaria, explotación y expropiación del trabajo humano, guerras, invasiones, persecución a muerte contra pueblos enteros, racismo, y exacerbaciones nacionalistas, homofóbicas y machistas, afectan a la gran mayoría de la humanidad.

¡Y eso no es obra de los revolucionarios del mundo; ni de los comunistas!

Es consecuencia de las pugnas interburguesas, nacionales y/o transnacionales que luchan por perpetuar su hegemonía sobre pueblos y masas trabajadoras, engañando, robando y asesinando sin escrúpulos; utilizando las herramientas del denominado “Estado de derecho”, diseñado a la medida de los poderosos.

Para los revolucionarios, el interés y las pugnas internas que pueda tener la burguesía monopólico-financiera, industrial y terrateniente de los Estados Unidos, contra el interés o pugnas internas de los mismos sectores en Japón, Rusia, China, Alemania o Inglaterra, no puede llevarnos a engaños ni a tomar posiciones a favor de unos u otros ¡PORQUE TODOS ACTÚAN CONTRA LOS PUEBLOS Y LA CLASE TRABAJADORA!


Y lo mismo ocurre en Chile.

Hoy se ha hecho evidente que la corrupción es la base natural que rige las relaciones entre la burguesía y el aparato estatal. Son ellos, la burguesía financiera, industrial y terrateniente, la que maneja los hilos del poder, haciéndose cada día más clara la relación entre el gran empresariado y los burócratas de Estado. Esos mismos que de tanto en tanto llaman a elecciones para que el pueblo “democráticamente” elija a sus autoridades ¡pero con leyes electorales y de participación política que impiden que sea el propio pueblo el que defina cómo organizarse y quiénes serán sus candidatos!

Proponen candidatos y el pueblo llega a creer que votando por el menos malo puede significar un cambio. Pero cualquiera sea el elegido, de igual manera hará lo que el empresario monopolista le imponga hacer.

De tal modo que el aparato de Estado, administrado hábilmente por una serie de burócratas puestos allí por mandato de sus partidos -hoy Chile Vamos y Nueva Mayoría, lacayos del "imperio" y de intereses empresariales (Matte, Luksic, Angelini, entre otros)- no han mostrado ni la más mínima voluntad de transformar realmente al país para terminar con los privilegios que los instalaron en el poder mediante la fuerza, la violencia y la coacción.

La Educación puesta a la venta en dictadura, hoy ha entrado en una profunda crisis que requiere una transformación completa y de fondo. Sin embargo, no se ha propuesto ni una reforma, ni ninguna medida concreta, que la conviertan en un patrimonio de la sociedad. Se sigue insistiendo en la segregación social, en el sistema privado de educación, y en sistemas cada vez menos transparentes de endeudamiento para las familias de los estudiantes.

De la misma forma, el orden del sistema productivo en Chile, solo ha profundizado la división del trabajo, la desprotección social y previsional de los trabajadores; el menoscabo de la organización sindical, trabajos precarios y mal pagados, facilitando la corrupción de los dirigentes sindicales, que se prestan para atender los intereses del empresario cuando no los suyos propios.

A lo anterior, podemos agregar ahora, que el desastre incendiario que ha afectado a miles de familias en amplias zonas del país, deja en evidencia la incapacidad –o francamente el desinterés- organizativa y de planificación de quienes efectivamente han producido este descalabro; mientras las empresas forestales, favorecidas mediante políticas de Estado y los suculentos seguros que protegen sus intereses afectados, se han mantenido en silencio.

La población en general se ve en un virtual estado de shock, favorecido por la alienación que se le ha impuesto; que le impide ver la realidad de manera amplia, porque ha pasado sin pena ni gloria que la sanción penal recibida por los empresarios del papel que se coludieron para robarle a los chilenos, solo llega a una multa inferior al 30% del robo efectuado, y ni siquiera se tiene claro cuándo ni mediante qué mecanismo se indemnizará a los millones de familias afectadas. ¡ASI CUALQUIERA EMPRENDE Y SE ENRIQUECE!

La investigación de los fraudes de Piñera y de los chanchullos electorales y de financiamiento de campañas por parte de empresarios y grupos económicos, corren serio riesgo de verse escamoteados por la cortina de humo provocada por los incendios.

Es evidente que la justicia solo opera a favor de los intereses de la burguesía. Y Chile sigue en la impunidad.


¿Qué se viene al futuro inmediato? 

Es un hecho que a partir del proceso electoral municipal desarrollado durante el año pasado, el escenario político que regirá el presente año estará signado por dos tendencias generales que es necesario considerar en el quehacer revolucionario.

Por una parte, la dinámica electoral seguirá marcando una pauta importante en la coyuntura, al menos mediáticamente; continuará la dinámica de desgaste de la legitimidad de los partidos de las clases dominantes y, se profundizará la abstención electoral de los sectores populares y medios.

Por otro lado, las luchas sociales encabezadas por las protestas y movilizaciones estudiantiles contra el sistema educacional de mercado; la movilización de los trabajadores contra el sistema de pensiones privado, o las movilizaciones regionales entre las cuales las luchas de las pequeñas empresas y la pesca artesanal, como asimismo las dinámicas luchas sociales ambientalistas, continuarán siendo un protagonista relevante aunque todavía sin capacidad de enfrentarse globalmente al sistema, al menos durante lo que queda del gobierno de Michelle Bachelet.

Esas dos dinámicas caracterizarán la coyuntura inmediata, exigiendo a los comunistas y revolucionarios establecer tácticas adecuadas, que se traduzcan en un mayor crecimiento y desarrollo de las fuerzas sociales y políticas que se movilizan contra el actual sistema de dominación capitalista.

En ese sentido queremos manifestar de manera clara y contundente, que los revolucionarios no negamos la posibilidad de participar en alguna contienda electoral, porque partimos de la base de no rechazar a priori ninguna forma de lucha posible. Sin embargo, señalamos categóricamente que la aplicación de determinados métodos dependerá de si es útil o no para la causa popular y revolucionaria. Es decir, la lucha electoral ha de ser útil en tanto las fuerzas sociales y populares tengan la opción de fortalecerse al respaldar electoralmente una propuesta de cambio revolucionaria. De otro modo, no estaremos disponibles para las aventuras de la pequeña burguesía autodenominada “progresista” y “democrática”.

Las luchas sociales que se han expresado durante los últimos años, cada vez con mayor frecuencia, muestran una mayor disposición a protestar y demostrar su inconformidad; sin embargo, presentan mayores grados de atomización y menor capacidad de articulación entre ellas, lo que ha dado espacio a procesos crecientes de luchas sociales corporativas y aisladas. Esto se ve favorecido también por la carencia de unidad ideológica de los movimientos y partidos revolucionarios. En las actuales circunstancias la tarea prioritaria de las fuerzas revolucionarias es construir una propuesta ideológica y programática que ofrezca una alternativa real a las luchas populares. No podemos remedar lo que otros, en virtud de una amplitud sin contenido, han realizado -y se aprestan hoy a realizar- oportunistamente para obtener réditos electoralistas engañando a las masas populares.

El engaño que han sido las reformas laborales, de la Educación y tributaria, ha abierto espacio al desaliento y menor confianza en la necesidad de politizar las luchas corporativas, particulares y sectoriales, constituyéndose ese escenario en un lugar favorable para las negociaciones de las camarillas sindicales y mantener bajo el control socialdemócrata a la Central Unitaria de Trabajadores y en una mayor dispersión al movimiento sindical. Incurrir en un nuevo engaño, no solo será traicionar al pueblo y sus organizaciones, sino una acción claramente antihístórica.

La inserción de los revolucionarios en la lucha sindical y de masas continúa siendo débil, pese a marcar una tendencia a superar el inmovilismo y el reformismo pequeño burgués impuesto desde las centrales sindicales oficialistas; mientras el escenario político nuevamente ha comenzado a encantar a importantes sectores de jóvenes con la idea de constituir “referentes amplios”, para luchar contra el “duopolio”. Sin embargo, como hemos apreciado, programáticamente dichas articulaciones no ofrecen nada diferente a lo que ya se venía dando; es decir más allá de algunas iniciativas testimoniales que permiten capturar la simpatía del electorado, no se proponen definir un camino de lucha que enfrente con toda la profundidad requerida la realidad que afecta al país.

Para los revolucionarios, la más amplia unidad de nada sirve si no se sostiene en definiciones programáticas coherentes con la necesidad de cambios estructurales que requiere el país. No basta confrontar electoralmente a una elite que se encuentra en el poder, para ocupar sus mismos cargos y actuar con las herramientas que el propio sistema entrega, simplemente reemplazándolas.

Es el protagonismo popular, su capacidad de ejercer el poder, y construir sus propias estructuras que disputen el control en los territorios, el camino que debemos retomar.

Por ello la unidad política e ideológica es el desafío inmediato que nos toca cumplir.

Algunos grupos y partidos revolucionarios hemos hecho esfuerzos por constituir el bloque Pueblo Unido como embrión de unidad revolucionaria por el socialismo, proponiendo transformaciones estructurales para el Chile de hoy y de mañana. Entre las transformaciones necesarias, los Comités Comunistas proponemos fundamentalmente la nacionalización de la Gran minería, de la Banca, del transporte, y de las telecomunicaciones; el término de las AFP y el sistema privado de salud; la condonación de las deudas habitacionales y educacionales; la abolición del derecho de herencia; la sindicalización obligatoria; el establecimiento del dominio absoluto del subsuelo y fondo marino como norma constitucional, fin de la propiedad de la tierra, del IVA a los alimentos y bienes básicos; reducción de la jornada laboral, la eliminación del régimen de subcontratación, anulación del Código Laboral y restablecimiento del Código del Trabajo vigente hasta el 11 de septiembre de 1973; confiscación de bienes inmuebles de instituciones religiosas y corporaciones transnacionales en Chile, respuesta inmediata a las demandas históricas de los pueblos originarios, entre otras medidas.

La conquista de esos objetivos, solo será posible en un régimen socialista y revolucionario, legitimado en la participación popular, en sus luchas callejeras, en las poblaciones, escuelas, universidades y centros de trabajo. Toda táctica debe apuntar a ese fin, pues estamos convencidos de que no habrá transformación real si no es mediante la participación multifacética de los trabajadores y los pueblos en la lucha por terminar con este sistema impuesto a la fuerza

Por ello, consideramos llegado el momento de convocarnos para construir un bloque político revolucionario de mayor alcance y profundidad, inspirados en las luchas obreras del mundo y de nuestro país, para construir una sociedad socialista. Ha llegado el momento de trancar la rueda de los poderosos que gira en sentido contrario a la historia, desbaratando sus fiestas electorales ilegítimas; abriendo espacio a nuevas ideas políticas, a una mayor participación popular, y a la construcción de una fuerte organización sectorial y territorial, capaz de forjar formas de poder desde los territorios y sectores sociales.

Nos dirigimos a todas las fuerzas sociales y políticas revolucionarias, anticapitalistas, que aspiran a la construcción de una sociedad socialista para proponer la creación de una instancia de coordinación y planificación que nos permita llegar dentro del año a la realización de un Congreso Programático para la Revolución Socialista que le dé en el traste a los conciliábulos políticos y económicos de la burguesía monopolista financiera, empresarial y terrateniente, y a sus burócratas en el poder político del Estado (Nueva Mayoría y Chile Vamos).

Proponemos avanzar en la siguiente línea de acción:

a) Constituir una instancia de coordinación política para impulsar la movilización callejera y de masas contra las políticas neoliberales y reformistas del actual régimen

b) Avanzar en la elaboración de una plataforma programática de carácter anticapitalista, socialista y revolucionaria, que oriente el quehacer de las luchas sociales, políticas e ideológicas del pueblo y sus organizaciones.

c) Elaborar un calendario común de actividades y participación en las movilizaciones en curso, así como promover el impulso de nuevas movilizaciones y expresiones en la lucha popular.

d) Fijar como meta en el mediano plazo y según el avance en el desarrollo de los puntos anteriores, la realización de un Congreso o encuentro Nacional de los movimientos y partidos declaradamente anticapitalistas, por la revolución proletaria.


Santiago, febrero 2017
                                CONSEJO NACIONAL DE COMITES COMUNISTAS