ROSA LUXEMBURGO CONTRA EL FEMINISMO

 

Por Viriato 

 

El primer feminismo, que tuvo sus orígenes en el radicalismo puritano y liberal inglés, utilizó las imágenes de Juana de Arco y el color violeta para asociarlos con la castidad y la moral pequeñoburguesa de la época.

 

El feminismo, a finales de los años 90 del siglo XIX toma en toda Europa la forma del «sufragismo». Las sufragistas defendían la ampliación del derecho al voto a las mujeres, pero dentro del sufragio censitario (restringido a los propietarios con dinero), es decir, el derecho de las mujeres de las clases propietarias a participar en la dirección política del estado y la sociedad capitalista.

 

En su batalla para hacerse un hueco en las direcciones de las empresas y el gobierno para las mujeres de la pequeña burguesía y las clases altas, las sufragistas trataron de ganar a las obreras y trabajadoras, mucho mayores en número y sobre todo mucho más organizadas.

 

Las feministas proponían un frente interclasista de «mujeres» cuyo objetivo fue conseguir diputadas burguesas dentro del sistema censitario. Prometían representar el «interés común en tanto que mujeres» que supuestamente unía a las trabajadoras con aquellas burguesas del liberalismo radical inglés.

 

La izquierda de la II Internacional, con Rosa Luxemburgo y Clara Zetkin a la cabeza, se opuso con fuerza. Un año antes de la formación del primer grupo sufragista en Inglaterra, Zetkin había presentado en Gotha, el verdadero congreso fundacional del partido socialista alemán, un informe sobre «La cuestión de la mujer y las tareas de la socialdemocracia» que fue aprobado unánimemente.

 

Desde entonces los socialistas alemanes se dedicaron a organizar y formar a miles de mujeres de la clase trabajadora, impulsado movilizaciones por el sufragio universal para ambos sexos. A partir del Congreso de Stuttgart de la Internacional, con Zetkin y Luxemburgo a la cabeza, se da la batalla a nivel mundial. No contra un supuesto machismo de los dirigentes, sino contra las concesiones al feminismo de algunos partidos como el belga, que había aprobado en su congreso apoyar la ampliación del sufragio censitario a las mujeres de clases altas.

 

El Congreso de la II Internacional celebrado en Stuttgart resolvió que los partidos socialdemócratas de todos los países iniciaran la lucha por el sufragio universal femenino como parte esencial e irrenunciable de la lucha general del proletariado por el derecho de voto y por el poder, en neta contraposición con las aspiraciones feministas.

 

El feminismo quería ampliar el sufragio a las mujeres de clases superiores, el socialismo hacerlo universal; el feminismo luchaba por una reforma legal, las marxistas por una revolución social.

 

 

 

ROSA LUXEMBURGO Y LA IZQUIERDA DE LA INTERNACIONAL CONTRA EL FEMINISMO

 

La batalla ideológica se va haciendo cada vez más intensa con los años. Rosa Luxemburgo comparte en su correspondencia su rechazo íntimo al argumento «moral y espiritual» del feminismo y a las invocaciones al «desarrollo de la propia personalidad» cuando lo que estaban en realidad reivindicando las feministas era la igualdad entre hombres y mujeres de las capas dominantes dentro del poder capitalista. Tienen claro que «la mujer» no es un sujeto histórico por encima o al margen de las clases sociales y por eso rechazan completamente la reivindicación de un supuesto «derecho de las mujeres» al margen de la evolución del movimiento de los trabajadores en general y la lucha contra el capitalismo.

 

Para Luxemburgo, las feministas intentaban usar el rechazo de los trabajadores a la opresión de la mujer como una forma de desviar la lucha y consolidar el sistema, del mismo modo como lo hacía el nacionalismo manipulando a los más atrasados:

 

El deber de protestar contra la opresión nacional y de combatirla, no encuentra su fundamento en ningún «derecho de las naciones» particular, así como tampoco la igualdad política y social de los sexos no emana de ningún “derecho de la mujer” al que hace referencia el movimiento burgués de emancipación de las mujeres. Estos deberes no pueden deducirse más que de una oposición generalizada al sistema de clases, a todas las formas de desigualdad social y a todo poder de dominación. En una palabra, se deducen del principio fundamental del socialismo.

 

Para Luxemburgo el feminismo no es una «lucha parcial», sino la desviación a favor de las mujeres burguesas y pequeñoburguesas de los sentimientos que alimentan la lucha socialista contra toda forma de opresión.

 

Rosa Luxemburgo pagó su militantismo revolucionario delante del tribunal militar en 1914. Se le juzgó por su llamado a convertir la guerra imperialista mundial en guerra civil revolucionaria en cada país. Trabajadoras y trabajadores juntos.

 

En «Die Gleichheit« (l’Egalité), el periódico dirigido por Zetkin, se deja claro que el poder de las mujeres que se beneficiarían con el sufragio censitario vendría de su posición social burguesa y pequeña burguesa y que la reforma legal del derecho de voto que proponían, afianzaría ese poder; sin embargo, las mujeres trabajadoras solo podían afirmarse a través de las luchas proletarias, mano a mano con sus compañeros de clase.

 

Las defensoras de los derechos de las mujeres burguesas deseaban adquirir derechos para participar en la vida política. Las mujeres proletarias solo pueden seguir el camino de las luchas obreras, esto es, instaurar un poder real y no por medio de estatutos puramente jurídicos.

 

Por eso denunciaban cualquier organización «de puras mujeres» y todo «frente de organizaciones de mujeres», pues se daban cuenta que organizarse en un falaz espacio interclasista solo servía para engrosar el poder de las capas pequeñoburguesas que sostenían al feminismo y dividir al movimiento de la clase obrera.

 

EL 8 DE MARZO CONTRA EL FEMINISMO

 

Rosa Luxemburgo tiene tan claro que la organización de grupos exclusivos de mujeres no podía llevar más que a la confusión, que cuando Clara Zetkin le invita al primer congreso de mujeres socialistas escribe burlonamente en una carta a Luisa Kautsky: «¿Es que acaso ahora somos feministas?» . Pero Luxemburgo sabía que si Clara Zetkin organizaba grupos de mujeres socialistas era por la misma razón que la II Internacional creaba grupos de jóvenes: para llegar con su programa al conjunto de la clase trabajadora y no solo a los trabajadores de las grandes concentraciones obreras. Aunque en la Alemania de la época había muchas mujeres en las fábricas, la mayoría de las mujeres obreras se dedicaban a trabajos no industriales, a la crianza de sus propios hijos y a industrias basadas en trabajo doméstico.

 

“No hay más que un sólo movimiento, una sola organización para las mujeres comunistas : en el seno del partido comunista junto a los hombres comunistas. Los fines de los hombres comunistas son nuestros fines, nuestras tareas»

Clara Zetkin

 

La creación del 8 de marzo como jornada de lucha, de huelga, en 1910 bajo el nombre de «Día de Solidaridad Internacional entre las mujeres proletarias» fue propuesta por C. Zetkin. Se trata de afirmar el carácter socialista y obrero del movimiento por el sufragio realmente universal, es decir, incluyendo la consecución del voto universal para los hombres y las mujeres. Es decir, la creación del 8 de marzo fue parte de la lucha de las mujeres de la Izquierda de la II Internacional por los derechos democráticos de todos los trabajadores y contra la idea feminista de la «unión de las mujeres», «contra la que he luchado toda mi vida» como escribiría Rosa Luxemburgo.

 

R.Luxemburgo y C.Zetkin se enfrentaron a la formación de cualquier organización o movilización interclasista «de mujeres». Contra el feminismo crearon el 8 de marzo: una movilización unitaria de todos los trabajadores.

 

EL MOMENTO DE LA VERDAD

 

Las sufragistas «exigieron» la participación de las mujeres en el esfuerzo de guerra y colaboraron activamente en el reclutamiento para la carnicería imperialista.

El momento de la verdad que demostraría el fondo y la razón de la batalla de la izquierda de la II Internacional contra el feminismo vendría con la guerra mundial.

Las sufragistas «exigen», literalmente, a los gobiernos la incorporación de las mujeres al esfuerzo de guerra y a la carnicería bélica. En premio, el gobierno británico concede en 1918 el voto a los 8 millones de mujeres de familias más pudientes, todavía lejos del sufragio universal. Es lo que ahora la prensa celebra como «conquista del voto para las mujeres» olvidando decir que solo eran unas pocas.

 

En cambio, Zetkin y los grupos de mujeres obreras convocaron la primera conferencia internacional contra la guerra en mitad de la represión más salvaje de los internacionalistas por parte de todos los gobiernos. Es el primer acto político organizado por un grupo de la II Internacional contra la guerra en un momento en el que Luxemburgo, Rühle o Liebcknecht están ya en prisión

 

Conducía a los proletarios a liberarse del nacionalismo y a los partidos socialistas a recuperar su entera libertad para desarrollar la lucha de clases. El fin de la guerra no podía ser alcanzado más que por la voluntad clara e inquebrantable de las masas populares de los países beligerantes. En favor de esa acción, la Conferencia hizo un llamamiento siguiente a las mujeres y a los hombres socialistas y a los partidos socialistas de todos los países: ¡Guerra a la guerra!